martes, 29 de junio de 2010

Bahía Blanca. Historias de puebladas


Revista Nómada, Año 4/ Número 20 / Buenos Aires, marzo de 2010.

Por Federico Randazzo 

Dos momentos de alta represión política en la ciudad de Bahía Blanca: uno en el puerto de Ingeniero White a principio del siglo XX y otro durante la última dictadura militar, se superponen como ráfagas de un autoritarismo desbocado que Argentina aún trata de superar. El secuestro, desaparición y muerte en 1976 de una integrante del grupo teatral Alianza, que representaba el hecho trágico acaecido en aquel puerto bonaerense en 1907, da la medida del horror. Pero la persistencia en seguir montando la obra, a la vez que homenajea a las víctimas muestra la cara de la esperanza.

  

En Bahía Blanca a inicios de la década del `70, el grupo de teatro Alianza investiga la huelga sangrienta ocurrida en 1907 en el puerto de Ingeniero White para elaborar su exitosa obra Puerto White 1907. Historia de una pueblada. Con esta pieza recorren el país y parte de Centroamérica, hasta que en 1976, luego de recibir amenazas de la AAA, Mónica Moran es secuestrada en la sala de ensayo y luego morirá acribillada. En 2007, a un siglo de la matanza de White, la obra fue reestrenada por el grupo Nuevodrama, dirigido por Julio Teves, miembro del elenco original. Durante meses la obra se presentó para instituciones educativas, con funciones a sala llena y gran interés del público juvenil. Una experiencia donde la historia y el teatro se potencian para desafiar una sociedad desinteresada por su memoria social.

 

Ingeniero White. Julio 1907.

El siglo XX se inició en White con un puerto pujando su ingreso al espiral del progreso. Todo resultaba de aparente prosperidad, hasta que irrumpió la huelga. Salarios mal pagos, jornadas esclavizantes, riesgo, humillación y burla. Un cóctel propicio para el precoz gremialismo local. El martes 23 de julio de 1907 la jornada en el puerto amaneció con gritos y forcejeos entre capataces y activistas que intentaban efectivizar una huelga masiva. Luego de algunas corridas y enfrentamientos aislados, los obreros se retiraron del trabajo para realizar una asamblea en La casa del pueblo, el local sindical de la época. El sol terminó de salir y el puerto quedó en silencio. Hasta que el primer disparo desató una casería. Era un piquete de marinos a cargo del oficial Juan Posse, que descargaba su odio contra el frente de La casa del pueblo, sin anteponer ninguna voz de aviso.

La reunión fue disuelta a tiros:  dos obreros murieron -ambos extranjeros- y hubo una decena de heridos entre quienes se contaban curiosos que circunstancialmente pasaban por el lugar, incluso un niño de 13 años fue alcanzado en un pulmón por un proyectil. Pocos días después La Patria Degli Italini, periódico italiano editado en Buenos Aires dirá:  “A cincuenta kilómetros de la capital no hay más ley, no hay jueces, no hay gobierno, no hay civilización. El salvajismo campea hoy con el fusil como ayer con la lanza” (30/7/1907).

 

Bahía Blanca. Agosto de 1972

Desde su creación en 1967, el grupo de teatro bahiense Alianza se había consolidado como una de las más aclamadas compañías locales. Según el relato de Coral Aguirre, integrante del grupo, al periódico Punto de Caracas, el devenir de Alianza se referenció con el viraje político de su época: “luego del Cordobazo pasamos de hacer un teatro burgués, de fin de semana; a hacer un teatro revolucionario”.  Para el invierno de 1972, los miembros de Alianza iniciaban la investigación del que sería su próximo espectáculo. En esa búsqueda llegaron hasta el escritor David Viñas que les sugirió investigar una huelga en 1907 un tanto olvidada.  A los pocos días los integrantes del grupo dirigido por Coral y Dardo Aguirre, comenzaron una exhaustiva investigación que culminó en la obra Puerto White 1907 – Historia de una pueblada.  Estaba pensado como un teatro popular, con una escenografía mínima de montaje sencillo y adaptable a un escenario, un estacionamiento, una fábrica, una cancha de futbol o una improvisada esquina urbana. La obra relataba los episodios del invierno de 1907 y cada función finalizaba con los actores de cara al público proponiendo un debate que velozmente se convertía en terreno de denuncia y propaganda revolucionaria.

Decidimos estrenarla en Villa Nocito el 19 de agosto de 1973, ante la respuesta del Comité de Defensa Barrial de la misma, para la semana de homenajes que se programaba por los caídos de Trelew”, detalla un texto que reseña la actividad de Alianza. Continúa:  “Se eligió un galpón grande, se distribuyeron programas del acto en el barrio, se visitaron familias casa por casa, se colocó un gran cartel que anunciaba la obra, y ese domingo de agosto por la tarde nos pusimos a esperar. Llegaron los intelectuales, las tendencias políticas, y nosotros seguíamos esperando, ¿vendría el pueblo?. El pueblo vino puntual, a la hora establecida, no como en el teatro del centro”.



Cali, Julio de 1975.

Avanzaba la década del ´70 y el grupo Alianza recorría Bahía Blanca, la provincia de Buenos Aires, la Capital Federal y parte de América Latina. El sábado 26 de julio de 1975, en el diario El país de Cali, Colombia, Dardo Aguirre y Julio Teves, denunciaban la represión y persecución que se aplicaba en Argentina bajo el gobierno constitucional de Isabel Perón. “En Argentina para hacer teatro hay que jugarse la vida, y la prueba de que ellos es así es que cuando nuestro grupo montó “Puerto White” nos amenazaron con matar a uno de los integrantes”. En la revista colombiana Punto, el epígrafe de la fotografía que muestra a Aguirre aclaraba: “Estamos amenazados por la triple A, pero el lugar nuestro se encuentra el Argentina”.


Si bien Alianza tenía planificado llegar hasta Estados Unidos con su obra Puerto White 1907, la enfermedad de uno de los miembros y las circunstancias políticas los obligaron a regresar. Instalados nuevamente en Bahía Blanca, el 13 de junio de 1976 el grupo sufrirá en carne propia la violencia que tantas veces habían denunciado en sus funciones. Un comando de hombres armados, ingresó en la sala de ensayo llamada La Ranchería preguntando por Mónica Morán. Esta joven de 27 años, maestra, titiritera, escritora e integrante de Alianza fue secuestrada ese día y su cuerpo apareció 48 horas después acribillado por varias ráfagas de ametralladora en un combate  fraguado. El noticiero del mediodía anunció: "En un operativo realizado por el Vº Cuerpo de Ejército en un domicilio de la calle Santiago del Estero y a raíz de haberse producido un enfrentamiento armado fueron abatidos cuatro elementos subversivos habiendo sido identificados sólo uno de ellos: Mónica Morán, de 27 años, maestra".

 

Falcioni y Morán, dos mártires bahienses.

El responsable máximo de la seguridad del Estado en el puerto disparando contra el cadáver de un inmigrante inocente de toda acusación. La escena era de rabia y descontrol. El progreso en esa zona mostraba su cara más siniestra. La segunda víctima fatal de los episodios de 1907, murió el 27 de julio luego de tres días de agonía. Era José Falcioni, italiano de 30 años, empleado cuya esposa estaba embarazada de 7 meses. Todo era tristeza y desconcierto entre los habitantes de White que sentían con hondo pesar la crueldad de la seguridad nacional. El velorio de Falcioni paralizó a todo el puerto. Centenares de hombres, mujeres y niños, confluyeron en las calles para acompañar los restos del inmigrante acribillado. Cuando el cortejo encabezado por la orquesta del club La siempre verde se detuvo un instante frente a la Subprefectura, comenzó un griterío que clamaba justicia y señalaba como el responsable del crimen a Enrique Astorga, el Subprefecto de Marina que con un gesto provocador observaba a escasos metros. Al escuchar los insultos, giró su mirada y ordenó inmediatamente la represión. Un instante después resonaron Máusers y pistolas por todos lados.  Varios testigos relataron como Astorga hacía puntería y descargaba su pistola en el ataúd de Falcioni, que entreabierto y abandonado en medio de la esquina fatídica, recibía los impactos. Esta escena insólita formó parte de la obra Puerto White 1907 y fue Mónica Moran, quien escribió el acto del aquel recordado velorio: “Era domingo 28 de Julio de 1907, estábamos todos junto a tu cuerpo. Andrés lloraba. Te llevábamos con pena y con orgullo por las calles del Puerto. Pasamos por la Casa del Pueblo ¿Te acordás Falcioni?. Allí vibraban tus gritos todavía. No era un ataúd lo que llevábamos: era un pedazo de fuego en la mañana. Paloma de pólvora tu cuerpo. Frente a la Subprefectura estaba el que te mató. Y fue Brizzi que no aguantó la rabia y la vergüenza y lloró a los gritos frente al asesino. Pero hubo una respuesta”. 




Ingeniero White, octubre de 2007

Un siglo después de los fusilamientos que inauguraron la nómina de mártires del movimiento obrero bahiense, en White se conserva casi intacta la esquina donde Astorga disparó contra el ataúd que contenía los restos de Falcioni. En lo que era la Subprefectura de Marina, funciona desde hace más de quince años el Museo del Puerto. En el patio de esa construcción, a pocos metros de los calabozos donde alojaron a los detenidos de principio de siglo, el grupo Nuevodrama reestrenó en el 2007 la obra Puerto White 1907 – Historia de una pueblada, en una reedición del clásico de Alianza, dirigida por el propio Julio Teves, integrante del elenco original. La noche del estreno hizo frío, sin embargo la gente comprendió el valor simbólico del espectáculo que se ofrecía y colmó primero la platea de sillas, luego las gradas del museo y más tarde se ubicaron hasta en las espaldas del escenario. Nadie quería dejar de ver aquella obra de la que tanto se había hablado.

Meses después, a pedido de las maestras que se contactaban con la Secretaría de Cultura local para pedir funciones del grupo, Nuevodrama comenzó una serie de presentaciones en el teatro de Ingeniero White exclusivas para alumnos de las escuelas de la ciudad. Los estudiantes se aproximaban a los episodios de 1907 en clase, luego veían la obra Puerto White 1907 y al finalizar la función los actores y los alumnos recorrían el puerto reconociendo los escenarios de los sucesos:. la esquina del fusilamiento, La casa del pueblo, el recorrido del cortejo fúnebre, entre otros sitios. Así, los alumnos fueron conociendo los vestigios de sus bisabuelos al tiemp que lograban recomponer el relato de su memoria social. Una enseñanza que deja este puñado de actores frente a una platea, un sindicato o escuela,  sosteniendo con dignidad sobre sus espaldas el peso de su historia, de los mártires, de sus desaparecidos y sus victorias. Alianza y Nuevodrama, dos experiencias fundamentales de la historia y el presente del teatro bahiense, entrelazadas por la enorme presencia de Julio Teves, y una trayectoria que los consagra en lo más alto de la escena de la ciudad.

 

lunes, 29 de marzo de 2010

Brazo y cerebro

Brazo y cerebro from Fede Randazzo on Vimeo.

Fragmento de Brazo y cerebro
Entrevista a Nelia Bursuk
Buenos Aires, 2005
Avanti




Fuelles navegantes

Fuelles navegantes from Fede Randazzo on Vimeo.

Olga Bruñini afinando un Bandoneon en Navegantes de la tierra. Capítulo dedicado a fuelles.

Canal A, 2005.
Argentina

Avanti TV


Decimita del almacen



Decimita del almacen from Fede Randazzo on Vimeo.

Navegantes de la tierra
Capítulo: Decimistas y payadores.
Canal a
Argentina 2005
Avanti TV


sábado, 29 de agosto de 2009

La Agitación de Bahía Blanca en la primavera de 1901 (parte 1)

En EL HILO ROJO. PALABRAS Y PRÁCTICAS DE LA UTOPÍA EN AMÉRICA LATINA, de Marisa González de Oleaga y Ernesto Bohoslavsky editores. Paidos, 2009.



   

La Agitación de Bahía Blanca en la primavera de 1901

Por Federico Randazzo. 

El 1 de octubre de 1901 comenzó a editarse el primer periódico revolucionario del que se tenga cuenta en la ciudad de Bahía Blanca.[1] Se llamó La Agitación, periódico libertario y venía a inquietar la incipiente ciudadanía local. Su lanzamiento está relacionado con un importante triunfo obrero y la participación de dos figuras relevantes del movimiento ácrata, Pietro Gori y Arturo Montesano. En sus páginas florecieron los boicots y las veladas libertarias que comenzaron a difundirse entre los habitantes bahienses. En los primeros años del siglo XX, la utopía bahiense fue anarquista y levantó una redacción para dejar su aporte a la prensa política, a la reflexión ideológica y a la búsqueda constante de un horizonte libre. La historiografía y el periodismo de Bahía Blanca han ubicado, no ingenuamente, a las experiencias revolucionarias en un costado marginal de su relato. Por eso resulta atrapante el repaso por las crónicas, los relatos y los manifiestos políticos que se repartían en la ciudad en aquellos días. A partir de La Agitación podemos conocer quiénes fueron aquellos hombres que instalaron el mundo simbólico del anarquismo en la inhóspita Bahía Blanca, para emprender el desafío de construir una sociedad igualitaria.

La Agitación nació en el fragor de un festejo obrero. El proceso que derivó en su fundación comenzó con una victoria proletaria capitalizada por el núcleo rebelde que crecía en los talleres de la ciudad y en las grandes estructuras industriales que modificaban el aspecto y el paisaje del puerto de Ingeniero White. Por aquellos días Bahía Blanca sellaba su ingreso a la modernidad con la consolidación de una sociedad cruel, progresivamente emparentada con los rasgos impuestos por la clase dominante. Diana Ribas afirma que por entonces “todo aquel que no adhería a la idea de progreso era descalificado o considerado pesimista en términos peyorativos”. Durante las últimas dos décadas del siglo XIX la elite local aplicó un proyecto sutil de contaminación discursiva que le permitió llegar al nuevo siglo en condiciones de confirmar su predominio cultural sobre la población bahiense. Según Ribas, “el modo neutro del discurso aplicado en forma violenta por el sector dominante, negaba todas las otras posibilidades discursivas, ya sean de los indígenas, de viejos pobladores del fuerte o lógicamente de los inmigrantes”.[2] Pero el esfuerzo del aparato oficial por silenciar las voces subterráneas resultaba inútil, el mensaje anarquista ya estaba circulando por la ciudad para involucrase en la “cuestión social”. Juan Suriano (2001:300) ha señalado la significación que adquieren esos mensajes de los grupos libertarios de la época. “A través de la difusión de un particular entramado simbólico, buscaron cohesionar la representación del colectivo trabajadores, de otorgarle una identidad y de contribuir a la constitución del imaginario social obrero”. 

La huelga como chispa

El inicio del siglo XX en Bahía Blanca estuvo marcado por las transformaciones sociales que acompañaban la llegada constante de nuevos contingentes de inmigrantes. Para 1895 el 45% de la población total del partido eran extranjeros, cifra que en 1906 llegó a más de 50%, según el censo municipal. Mientras en el centro y en el casco histórico florecían los edificios públicos y comercios, en la periferia y en el puerto de Ingeniero White se extendían las barriadas populares. Era ahí donde se asentaban los primeros cronistas libertarios que empuñaron la imprenta para registrar su paso por la historia local.

Para mediados de 1901, la obra más importante que se estaba ejecutando en la ciudad era la ampliación del ferrocarril que comunicaba a Bahía Blanca con Buenos Aires. Entre los trabajadores que labraban la tierra virgen en el campo abierto, artífices de un adelanto que no disfrutarán, se desató una huelga que fue el germen del grupo que pocos días después editaría La Agitación. La huelga general, práctica esencial de la cultura proletaria, se declaró en un paraje del ramal Bahía Blanca-Pringles donde un grupo de trabajadores alzó un campamento de protesta por mejores condiciones de empleo. La chispa se encendió ahí donde ampliaban las posibilidades de desarrollo de la empresa inglesa más importante e influyente de la zona: el Ferrocarril del Sur. El 1 de junio La Protesta Humana (emblemático periódico del anarquismo) publicó una primera información sobre el inicio de la huelga. Meses después, Caras y Caretas (1901) afirmaba que por el número de obreros involucrados, era el conflicto más importante y extenso de la ciudad. El 23 de agosto la protesta ya era tema de la prensa nacional. El día 24 el diario local La Nueva Provincia describía el escenario:

Hasta hoy la huelga no es más que la protesta templada pero pacífica de cerca de 2000 hombres que han hecho denuncias graves, que no han sido atendidos, que no encuentran amparo, que viven sin pan y sin hogar, como parias –verdaderos desheredados a quienes se pretende expulsar de en medio de los campos donde han levantado sus tiendas- como verdaderos desheredados que solo tienen por delante las perspectivas de la miseria

 Luego de un siglo de trayectoria, podemos afirmar que si La Nueva Provincia publicaba estas expresiones es porque la situación indudablemente era muy grave.[3] Las demandas de los huelguistas se plasmaron en un pliego que contenía reclamos referidos a las condiciones de trabajo, las herramientas y las contrataciones de la compañía. A pesar de que los empleados del Ferrocarril del Sur pretendían una regulación de la actividad hostil que padecían a diario, el diálogo se cerró con el correr de los días. La presencia de un batallón del ejército para custodiar el campamento huelguista no presumía un final feliz. La cobertura periodística del conflicto puso en alerta a los dirigentes de las federaciones obreras de Buenos Aires, que también recibían los telegramas de los suscriptores bahienses de La Protesta Humana. Cuando caía la tarde del día 24, en la capital asumieron la gravedad del caso y los responsables de la Federación Obrera Argentina enviaron una comisión para que represente a los obreros en la negociación. Fue Pietro Gori quien, a pesar de estar enfermo, se postuló para viajar por las pampas bonaerenses.

 

Liderados por viajeros libertarios

 

El Dr. Pietro Gori y su secretario, el ingeniero Sunico, los corresponsales de La Nación, La Prensa y La Nueva Provincia, señores Fernández Pierlo y Jalío, el líder de los huelguistas Sr. Ibaldi y los capataces Bianchi, Perbiense y Bilbao. Caras y Caretas, 07/09/1901.


Nacido en Messina, Italia, en 1865, Pietro Gori fue uno de los dirigentes más destacados de la historia del anarquismo internacional. Llegó a la Argentina en 1898, luego de dos años de gira por Estados Unidos y un itinerario que acusaba una condena pendiente de 21 años de prisión, exilios, cárceles y persecuciones varias. Dedicado plenamente a construir el ideal libertario, incursionó en disímiles campos que le permitieron dejar un legado literario, teatral, judicial e ideológico de extraordinaria vigencia. En Buenos Aires se convirtió en el más afamado embajador del pensamiento libertario, logrando introducir su programa en sectores hasta ese momento negados a la doctrina ácrata. Sus disertaciones se acompañaban con un programa filodramático que enmudecía a los auditorios de obreros semianalfabetos. Su obra Primero de Mayo, que incluye el “Himno del Primero de Mayo” sobre una melodía de Guiseppe Verdi incluida en la opera Nabucco, se convirtió en una de las canciones más populares entre los proletarios del mundo. En Bahía Blanca se escuchó por varias temporadas en la Casa del Pueblo, luego de la visita de Gori a la ciudad.

La decisión de Pietro Gori de viajar a Bahía Blanca se tomó minutos antes de la salida del tren. La noticia se confirmó en Bahía a la medianoche y de inmediato partió un chasqui con el anuncio rumbo al campamento. En la madrugada, los 2000 huelguistas se despertaron a los gritos en el campo ante la llegada del líder que prometía modificar el desarrollo de la protesta. Desde el arribo de Gori, la ciudad concentró su atención en seguir los pasos de aquel personaje ilustre. La prensa local reflejaba:

La venida de Pietro Gori, el amigo de la clase proletaria, el propagandista entusiasta de los derechos inalienables e imprescriptibles, del hombre soberano, era la única esperanza, la única tabla de salvación que les restaba a los huelguistas. Cuando el tren de las 3.40 anunció su arribo a Bahía Blanca, mas de 500 personas, obreros en su casi totalidad se hallaban congregados en la estación... El tren paró y del último coche descendió el Dr. Gori, acompañado del joven Montesano, y de una comisión obrera que había ido a la estación Vitícola a recibirlos. Gori, visiblemente afectado y patentizando en su rostro su mal estado de salud, se abrió paso por entre la multitud que vivaba con delirio... Era sumamente grato el espíritu y el aspecto que ofrecía la columna compuesta de hombres entusiastas, de hombres de manos encallecidas en la noble labor, que seguían con la fé del convencido, quizá del idealista, a un hombre–compañero, que llegaba a ofrecerles no solo una palabra de aliento, sino toda su acción, toda su voluntad en pro de la causa de los obreros expoliados. En la columna, engrosada con carruajes, break, jardineras, etc... en todo el trayecto el nombre de Dr. Gori fue entusiastamente pronunciado (LNP, 26 de agosto de 1901)

Pietro Gori agradeció el apoyo pero se alojó de inmediato en el Hotel Londres para reponer su salud y comenzar la labor. En la puerta quedó Arturo Montesano improvisando un discurso que agradecía la simpatía de la multitud que los acompañaba. Minutos después Pietro Gori envió una primera comunicación al gerente del Ferrocarril del Sur, señor Henderson, para abrir una mesa de diálogo. La negociación se extendió por una semana y finalizó con un aplastante triunfo obrero materializado en la aprobación de la amplia mayoría de los contenidos del pliego.

Durante esos días la actividad del círculo libertario se encontró sobrepasada por la efervescencia creada a partir de la visita de Gori. El ejemplo de este abogado y artista, es uno de esos casos en que la crítica siempre vigente y necesaria a la figura del líder por sobre sus compañeros, encuentra una grata excepción. La negociación inteligente y efectiva para encauzar la victoria. La oratoria sencilla y profunda para comunicar las ideas. La simpatía y el carisma para enaltecer los ánimos. Todos estos condimentos de Gori se impregnaron en la periferia de la comuna bahiense y se reflejaron en acciones como los boicots y las veladas culturales que se concretaron días después. El fin de su estadía estaba previsto con tres conferencias sobre sociología económica en el escenario del teatro Politeama Argentino local, pero su crítico estado de salud lo obligó a regresar a Buenos Aires antes de lo planeado. La apresurada despedida también fue masiva y concluyó con un emotivo agradecimiento de los protagonistas de la huelga. Así Pietro Gori se alejó de la ciudad a la que nunca regresó, dejando una enseñanza y un legado en manos de Arturo Montesano, el joven secretario que lo había acompañado y que se quedó para liderar la actividad libertaria de la ciudad.

Montesano, abogado español llegado a Argentina en 1899, adhirió inicialmente al radicalismo y luego se comprometió con el movimiento anarquista, donde se destacó por su oratoria y capacidad como organizador y propagandista en el interior del país. Compartió tribuna con Alfredo Palacios, el “primer diputado socialista de América” (Tarcus 2007). Permaneció relacionado a la actividad anarquista en Bahía Blanca hasta mediados del 1902. En los primeros meses de ese año fundó en la Casa del Pueblo de Ingeniero White la escuela libertaria “Luz de Porvenir” donde desplegó su oficio de maestro al servicio de los hijos de los obreros. Semanas después lo encontramos lanzando una revista naturalista libertaria llamada La Renovación, participando como activista y orador de la huelga de cocheros en Buenos Aires y en actos de repudio a la persecución obrera que se libraba desde el Estado. Aquella temporada sería la última del joven Montesano en nuestro país.

El 22 de noviembre de 1902 el parlamento sancionó la ley 4144 promovida por el diputado Miguel Cané, llamada Ley de Residencia. Fue la herramienta legal que dotó al Estado de la facultad de deportar sin juicio previó a cualquier extranjero. Fue un elemento al servicio de la persecución de disidentes políticos que desató una cacería feroz contra los activistas socialistas y anarquistas, incluyendo violentas detenciones, allanamientos de locales y clausura e incendio de imprentas. Para fines de 1902 el diario La Prensa de Buenos Aires publicaba una extensa lista con los nombres de los extranjeros deportados por la aplicación de la Ley de Residencia. Arturo Montesano integraba esa nómina.

Continúa 


[1] Mi agradecimiento a Emiliano Randazzo y Lucas Petersen por su colaboración. Los rollos de microfilm que preservan los ejemplares de La Agitación se conservan en la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia de Bahía Blanca y en el Instituto de Historia Social de Amsterdam, repatriados a la Argentina por el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en Argentina (Cedinci) en el año 2006.

[2] Entrevista a Diana Ribas realizada por Astor Vitali y Emiliano Randazzo en FM de la Calle de Bahía Blanca en Julio de 2007.

[3] Sorprendentemente en este conflicto de 1901, el cronista de LNP se muestra con inédita simpatía por los reclamos obreros. El diario fue fundado el 1 de agosto de 1898 por Enrique Julio. Desde sus orígenes y hasta la fecha se mostró como vocero de los sectores más radicalizados de la derecha, causando un daño social aún incalculable en la población de Bahía Blanca. Su director, Vicente Massot, debió abandonar el cargo de viceministro de Defensa durante el primer gobierno de Carlos Menem en 1993 por revindicar el uso de la tortura. Cuando el diario cumplió cien años, un grupo de militantes realizó un “escrache”, metáfora del boycottage de principio de siglo: frente a las autoridades políticas, religiosas y lógicamente militares que participaban del festejo, recordaron a Enrique Henrich y Miguel Angel Loyola, trabajadores gráficos del diario asesinados en 1976 con complicidad de las autoridades del matutino. En la actualidad el diario continúa reivindicando el terrorismo de estado con editoriales como la del 1 de diciembre de 2007: “El Plan Cóndor... fue exitoso en todo el sentido de la palabra y logró, a escala continental lo que persigue cualquier estrategia de guerra: ganar. En la Argentina, los restos del comando unificado marxista que fue militarmente aniquilado en la guerra antisubversiva quiere sentar en el banquillo de los acusados a aquellos a quienes no pudo vencer y seguramente -justicia mediante- lo logrará. Lo que no podrá lograr nunca es modificar el resultado del Plan Cóndor, y eso es lo importante”.

  

El hilo rojo - Memoriadelautopia.org

sábado, 4 de octubre de 2008

REPRESION

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miércoles, 16 de enero de 2008

Las grietas del relato histórico - Capítulo 1: Invitación a "La nueva Liverpool"


Tapa del número único 18 de Marzo. Bahía Blanca, 1898



Invitación a La Nueva Liverpool
Bahía Blanca fue fundada el 11 de abril de 1828 por el Coronel Ramón Estomba, como un destacamento militar de avanzada territorial llamado Fortaleza Protectora Argentina. Desde aquel fuerte el estado argentino tomó una posición militar para confrontar con los malones aborígenes que resistían la ocupación de sus tierras. Era la antesala de la masacre al desierto de Julio Argentino Roca.
Entre 1880 y 1914 se produjo un ingreso de extranjeros al país, que significaría el aporte fundamental para el desarrollo de la Argentina como nación y de Bahía Blanca como ciudad industrial. Arribaron a los puertos argentinos familias enteras respondiendo a un llamado oficial de esta patria que en sus campañas de difusión por el viejo continente ofrecía tierras, propiedad, progreso y riqueza.

Cuando finalizó este proceso de constante flujo de extranjeros, Bahía Blanca había multiplicado su población, saltando de 2096 habitantes en 1881, según en el primer Censo General de la Provincia de Buenos Aires, a 37.555 pobladores en 1906, según el censo Municipal de ese año. De aquellos 37.555 habitantes, 19140 eran extranjeros, más del 50%. Este sería el capital humano con que la ciudad se nutria para su ingreso a la modernidad. Los medios de prensa local, realizaban un festejo exagerado del progreso, cómplices de los proyectos de la oligarquía que ya se asentaban en el gobierno municipal. Si bien las obras y el constante crecimiento poblacional y de las actividades de la ciudad, presentaban una realidad próspera para una parte de los habitantes, se ocultaba la situación de abandono que padecían muchos de los extranjeros. En los sectores humildes que crecían en torno a la ciudad y el puerto, se multiplicaba el descontento y comenzaba a gestarse el germen del movimiento obrero bahiense. Entre las páginas oficiales se fueron escurriendo los relatos que describen con un rostro vulnerable y triste al obrero sometido a la miseria, rodeado de un conflicto social violento con enfrentamientos y grupos radicalizados. Entre los inmigrantes vinieron muchos exiliados que en sus países de origen desarrollaron una importante experiencia de lucha. En la segunda mitad del siglo XIX Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y España eran el centro del escenario donde se debatían las grandes matrices ideológicas del socialismo y el anarquismo.


Campamento de huelguistas en Punta de Rieles. Caras y Caretas, 07/09/1901.
De la llegada del Socialismo
Las primeras asociaciones importantes llegaron en 1894 con la fundación del Centro de Unión Obrera de orientación socialista, y en 1896 con la Sociedad Fascio Operaio Italiano. Por esos años comenzaron a editarse en la ciudad publicaciones que reflejaban el pensamiento de las organizaciones y dan referencias que permiten reconstruir su funcionamiento. Uno de estos ejemplares da cuenta de la llegada organizada de las ideas que venían a cuestionar el orden vigente, en la fundación del Centro Socialista Obrero de Bahía Blanca en 1897:
"18 de Marzo-1898. Número Único
En conmemoración de la Commune de Paris y el primer aniversario de fundación del Centro Obrero Socialista de Bahía Blanca. Se invita a participar de una conferencia el viernes 18 de marzo a las 8 ½ pm. y una celebración el domingo 20 a las 3 ½ pm. en Donado 143, el nuevo local social, del Centro Socialista. En ambos casos, los oradores harán uso de la palabra en Español y en Italiano. "
18 de Marzo, Bahía Blanca, 1898.
En esta misma proclama se encuentra el testimonio fundacional de aquella organización: Ocho trabajadores, dos italianos, dos alemanes, dos franceses, un holandés y un austriaco, reunidos en una modesta pieza, y considerando, que en la sociedad burguesa, basada en la propiedad privada, el trabajador recibe un salario que no representa el valor real de la mano de obra y que ese salario apenas alcanza para cubrir los gastos indispensables… deciden constituirse como Centro Socialista Obrero de Bahía Blanca.
De las divisiones
El movimiento obrero presentó desde sus orígenes una clara disputa política e ideológica entre Socialistas y Anarquistas que muchas veces llegó a tener tintes violentos. Por más que ambas corrientes aspiraban a llegar a los mismos fines, una sociedad basada en los principios del socialismo: diferían, indudablemente, en los medios utilizados para lograr esos fines.
Para fines del siglo XIX comenzó a tener cada vez mayor incidencia entre los trabajadores de Argentina la corriente de los anarquistas, y en gran parte del país se constituyeron grupos librepensadores que tenían entre sus primeras misiones la de imprimir un periódico, fundar una biblioteca y crear grupos de actividad cultural.
En las veladas libertarias que se difundieron tanto en las ciudades como en las zonas rurales, se encontraban la poesía, la música y el teatro, comprometidos con la idea del amor libre y la autogestión que proponía el movimiento. En las noches se repetía una escena, cuando se encendía el fuego en medio de un gran comedor descubierto y todos se acomodaban en ronda para esperar la aparición de algún payador anarquista:
Grato auditorio que escuchasal payador anarquista.
No hágase a un lado la vistacon cierta expresión de horror
.Que al decirte quien somoscuelgue tu faz la alegría,
en nombre de la anarquíate saludo con amor.
Boicot a La Nueva Provincia
Una de las herramientas que eligieron los anarquistas para su metodología de lucha eran los boicot; acción de repudio y aislamiento que nació en 1880 en Irlanda y que rápidamente recorrió el mundo en el imaginario de lucha de los pueblos.
En la reconstrucción de los boicots en Bahía Blanca, encontramos que los grupos de obreros anarquistas declararon uno contra el diario La Nueva Provincia y personalmente contra su director Enrique Julio.
Pero este boicot se limitó al rechazo y sabotaje, sino que los voceros libertarios, ya cansados de tolerar los agravios que se publicaban en el pasquín, desafiaron al Sr. Julio a confrontar las ideas en un debate público. En medio de aquel conflicto, La Agitación ampliaba: "Al desafiar a La Nueva Provincia en el campo de la discusión leal y serena, creemos que los redactores de ese diario serían capaces de defender cuanto insidiosamente expusieron. Considerando empero que la ignorancia no es un delito sino una consecuencia directa de causas residentes en el organismo o en la sociedad, La Agitación declara: que proseguirá su campaña de Boycottage [Sic] contra La Nueva Provincia usando de todos los medios a su alcance, como ser manifiestos, conferencias públicas, propaganda asidua, hasta que el señor Enrique Julio, o quien por él, nos den públicamente una satisfacción. Hemos iniciado el boicot contra La Nueva Provincia, por el hecho de que hacia bajas insinuaciones respecto a las ideas que hoy animan a la clase trabajadora. Así como los trabajadores se han mostrado solidarios con el boicot a la fábrica de cigarrillos La Popular, de Buenos Aires, que produjo espléndidos resultados, demuestran su solidaridad contra La Nueva Provincia. Ninguno debe pues frecuentar locales públicos, es decir, cafés, fondas, peluquerías, etc, que al primero de Diciembre siga recibiendo La Nueva Provincia."
La Agitación, Nº 9. Bahía Blanca, 1/12/ 1901.
Fue la época en que en Bahía Blanca se hablaba en varios idiomas, pero en un mismo sentido. Fueron días de largas reuniones nocturnas en los locales obreros, para analizar el avance de una esperanza organizada en el mundo. Todo era ilusión. Nadie suponía que la muerte estaba llegando también. Nadie podía esperar el brazo asesino de la marinería de White, que inauguraría en julio de 1907 la nómina de mártires obreros de la ciudad.


jueves, 15 de noviembre de 2007

Telam - Entrevista por Jorge Boccanera

Una nota en la agencia TELAM

CULTURA I LITERATURA


Federico Randazzo recrea una de las primeras matanzas obreras


Ese es el eje de su nuevo libro, "Las grietas del relato histórico". El escritor estudia la represión registrada a mediados de 1907 contra los trabajadores del puerto de Ingeniero White (Bahía Blanca), en un marco de agitación obrera, planteos anarquistas y socialistas a nivel nacional e internacional.
Por Jorge Boccanera

La represión registrada a mediados de 1907 contra los trabajadores del puerto de Ingeniero White (Bahía Blanca), sus víctimas, su repercusión en el ámbito político nacional y la solidaridad que despertó en organizaciones gremiales del país, es el eje del libro "Las grietas del relato histórico" de Federico Randazzo.

Los hechos acaecieron en medio de tensiones entre la patronal y los trabajadores que, entre otras demandas, pedían mejoras de salario y reducción de las 12 horas de trabajo.

En ese marco, un destacamento de la marina rodeó la sede gremial -la Casa del Pueblo- donde se realizaba una asamblea, y abrió fuego.

El libro, del Centro Cultural de la Cooperación, surge de la investigación de Randazzo por echar luz sobre el episodio; una de las primeras matanzas obreras de Argentina.

"Quizás fue la primera, sí, en un marco de varios días de represión y estado de sitio. Nunca se había dado una represión tan salvaje".

Randazzo estudia el hecho en un marco de agitación obrera y planteos anarquistas y socialistas a nivel nacional e internacional.

Narra la fundación de La Casa del Pueblo en White en 1901, en un ambiente reivindicatorio, y recuerda al diario La Protesta que informó que la inauguración fue: "Un acontecimiento para la clase trabajadora, a costa de sacrificio y perseverancia".

El papel de la prensa obrera en Bahía Blanca por ese tiempo fue relevante. "Hubo numerosas experiencias editoriales. La Agitación, de 1901, fue el periódico libertario más importante de la primera etapa, dirigido por Arturo Montesano, quien fue deportado".

Otras publicaciones (El Obrero, La Favilla y La Rivolta) fueron "experiencias editoriales que desarrollaban una prolija narrativa proletaria denunciando la barbarie de los patrones y alimentando el espíritu revolucionario".

La matanza fue el resultado de la puja entre la agitación social y medidas restrictivas, como la Ley de Residencia por la que fueron deportados cientos de inmigrantes.

"A inicios del siglo XX, había un conflicto con los ácratas organizados; mientras el socialismo influía en la población. Ambas corrientes imprimían diarios distribuidos en todo el país; La Protesta, los anarquistas, y los socialistas, La Vanguardia".

Tras la represión a cargo del subprefecto Enrique Astorga, que dejó un saldo de muertos y heridos -entre ellos un niño de 13 años baleado en un pulmón- la marina volvió a cargar contra una multitud de trabajadores que participaban del sepelio del obrero italiano Falcione.

Fuertemente impugnado, Astorga, imprimió así más brutalidad a su accionar. Según Randazzo fue el mismo oficial: "Quien con su propia pistola dispara contra el féretro de Falcione hasta mutilarle el rostro.

Para los anarquistas de la época, nunca en la historia se había roto el código humano de respeto a los muertos". Sólo 10 días después, "Astorga fue felicitado en el Congreso, donde no sólo no lo encontraron culpable de la matanza, sino que lo alentaron en su labor".

Es de destacar la actitud de soldados que se negaron a disparar contra la sede gremial y luego contra la multitud que asistía al sepelio -los libros citan a Jorge Loppe, el "Cabo Díaz"y el teniente Jáuregui- actitudes que permiten dimensionar "lo irracional de la orden de disparar a mansalva".

La negativa tuvo que ver, dice el autor "con los marineros menos preparados, aquellos que no habían estado en la matanza del desierto, ni en los últimos malones, y carecían de esa práctica de golpear o fusilar gente con motivos tan injustos".

Hasta ese momento "las grandes huelgas habían sido por motivos relacionados con la actividad laboral, y nunca antes había sido el sentimiento de clase el motor de la protesta".

"Ninguno de los diarios quedó sin opinar sobre el significado de la solidaridad entendida en esos términos. En todos los rincones del país los trabajadores paralizaron la producción, para señalar que se habían sobrepasado los límites", precisa Randazzo.

Ingeniero White fue -junto a Rosario- uno de los bastiones del movimiento libertario a nivel nacional. Su importancia se ve en la visita realizada al puerto por el intelectual italiano Pietro Gori, "embajador del anarquismo", en 1898.

Esa visita -considera Randazzo- significó un avance en la resolución de los conflictos que se daban entonces.

Gori, quien posó para las cámaras junto a los representantes de la empresa inglesa, los periodistas, oficiales y curiosos que no querían quedar afuera del evento, lideró en Bahía una columna de obreros".

Otra visita significativa fue la del diputado socialista Alfredo Palacios, llegado a Bahía en medio de la represión de 1907.

"Palacios liberó presos, recuperó locales, calmó los ánimos, documentó los hechos con testimonios que aún están a disposición y consiguió una interpelación en las gradas del Congreso", relata.

viernes, 5 de octubre de 2007

Entrevista en la revista Dazebao



“En el centro del puerto y a plena luz de la mañana se estaba protagonizando un fusilamiento sangriento”, dice Federico Randazzo en cierto pasaje de Las grietas del relato histórico, y con esa contundencia sintáctica y compromiso periodístico el autor se introduce en una tradición trazada por maestros como Osvaldo Bayer y Rodolfo Walsh.


Dazebao. Año 1 Nº 2 Agosto de 2007. Punta Alta.






lunes, 6 de agosto de 2007

Se puede quebrar el círculo

Bahía Blanca e Ingeniero White, un siglo después
27 y 28 de julio de 2007.


Y se cumplió un siglo de los fusilamientos y en Bahía Blanca hubo quien ni se enteró que dos inmigrantes fueron masacrados por la marinería y que la ciudad se conmovió por esos hechos. Pero muchos si se enteraron, y algunos asistieron a las reuniones que despertaron el sentimiento libertario que se escondía en los rincones de la ciudad.

El viernes 27 de julio, se presentó la investigación periodística “Las grietas del relato histórico”, donde se propuso un homenaje a Atiliano Pascual y José Falcioni, los dos primeros mártires del movimiento obrero bahiense. Y de la reunión participó Gladis Falcioni, la sobrina nieta de José, quien comentó que esa noche fría se enteró muchas cosas de su familia que desconocía. También participaron algunos obreros, estudiantes, profesores y alumnos, sindicalistas, periodistas, marxistas, trotskistas, maoístas, algunos cristianos y bastantes ateos. Entre la muchedumbre se movía una señora que había escuchado el anuncio en el noticiero de la televisión y resolvió acercarse para adherir al homenaje. El salón del sindicato de docentes de la UNS es muy cálido pero no grande, y resultó pequeño. Julio Tévez, uno de los actores que realizó en 1973 la obra Puerto White, historia de una pueblada, donde se relatan los fusilamientos de 1907; participó de la reunión. Comentó el proceso de gestación de la obra que estuvo orientado por David Viñas durante el año `72 y leyó un texto de Pietro Gori que llama a la redención contra todas las miserias. Luego fueron leídos fragmentos de los primeros registros socialistas que se imprimieron en la ciudad para fines de siglo XIX. El círculo de la historia de esta población tan particular, encontró información útil para repensar que sentido se le otorga a la memoria proletaria de Bahía. Sin elevar niveles de análisis, simplemente como un aporte periodístico a esta tarea de quebrar el círculo, se incorporó al servicio de los curiosos esta investigación presentada en el marco del homenaje. La mejor forma de honrar a aquellos pioneros era convertir la reunión en una asamblea, y así se sucedieron las voces. Uno de los miembros del Comité ProAcrata que se organizó en el Museo del Puerto, invitó al Gran Miting Acrata de día siguiente. Prometió la presentación de un sobre con recortes que daban cuenta de la extensa tradición anarquista que se entendió con mucha fuerza hasta la década del `30, por lo menos. Si por la noche se había conocido los primeros pasos del anarquismo, en la tarde del sábado llegaría la etapa siguiente, y así el círculo se continúa quebrando, y el hilo de la historia va ofreciendo otras lecturas.

Y el sábado, el aula-cocina del Museo del Puerto de Ingeniero White también resultó pequeña para atender a quienes esperaban por los vestigios anarquistas. Las palabras de Sergio Raimondi, empapadas del trabajo cotidiano con aquellos relatos libertarios, quedaron resonando en los presentes, con las enseñanzas anarquistas. La cultura anarquista revivió en poesías y canciones que se ganaron los aplausos del público.

El 28 de julio de 1907, en la esquina de Carrega y Guillermo Torres de Ingeniero White, el Subprefecto de marinería Enrique Astorga disparó contra el cortejo fúnebre de José Falcioni, y con su propia pistola mutiló el rostro del inmigrante italiano que yacía tirado en su cajón sobre la calle desierta. Aquel día toda la población de la ciudad quedó conmocionada por el salvajismo con que el Estado maltrataba a la clase obrera.

Exactamente un siglo después, se escucharon los detalles de aquella matanza y no fueron pocos los que pensaron en aquellos inmigrantes que morían en Bahía. En algún pequeño costado, el círculo oficial de la historia se quebró. Un buen augurio para los inquietos que aún se proponen quebrar el cerco que tanto asfixia a la población de la ciudad.

miércoles, 18 de julio de 2007

Las grietas del relato histórico - Capítulo 2 Los fusilamientos de 1907

La Casa del Pueblo. 25/07/1907, La Prensa.

Hasta que un día cualquiera te fusilan…

El hecho inicial sucedió en los muelles donde se construían los elevadores que extenderían el puerto de Ingeniero White. Allí resultaron cesanteados dos obreros remachadores que trabajaban en las obras de ampliación del Ferrocarril del Sur. El sábado 20 de julio de 1907 los obreros reunidos en asamblea resolvieron declararse en huelga, exigiendo la reincorporación de sus compañeros, la jornada laboral de 8 horas y un 30% de aumento en los salarios. Pero en el amanecer del lunes cuando todos debían paralizar las obras, la medida se efectivizó sólo en algunos pocos sectores. Por la tarde los grupos obreros celebraron una nueva asamblea y aprobaron la realización de una acción de agitación en las instalaciones de la rivera de Ingeniero White donde trabajaban más de 3000 hombres. El viernes los huelguistas habían comunicado a la empresa las condiciones para una negociación y pusieron como plazo para una respuesta el lunes por la noche. Vencido éste, a la mañana siguiente se realizaría la protesta con la intención de animar al resto de los proletarios que atemorizados por la patronal, no se sumaban al movimiento.

La huelga general como medio de presión de la clase obrera ya era un mecanismo profundamente instalado en la población del país. En la reconstrucción de la historia social Argentina, los especialistas recuerdan aquella primera década del siglo XX, como la “etapa heroica” del movimiento obrero nacional.[1]

En la ciudad era habitual la realización de paros, que en general se reducían al reclamo de cada rubro del trabajo por separado, sin lograr unificar diversos gremios en una misma medida. En este marco, el conflicto de White de 1907 se presentaba como una paritaria más de las tantas de esa época, donde una negociación racional podría haber acabado con la protesta en pocas horas. Pero nada de esto sucedió.

Al amanecer del martes 23, minutos antes de las 7 de la mañana, un grupo de obreros ingresó al área de trabajo lanzando consignas y llamando a la huelga. A poco de recorrer los talleres, decenas de empleados comenzaron a seguirlos sumándose a la agitación. Los huelguistas arrojaban las herramientas al agua y descargaban la bronca contra las máquinas. Pero a los pocos minutos, con las primeras luces del día y la helada matinal cayendo sobre el puerto, los vigilantes de la empresa comenzaron a perseguir y dispersar la protesta. El clima se tornó confuso, algunos gritaban, otros corrían; hasta que en medio de playón se dieron los primeros incidentes, luego de que los capataces Williams Kelly y Patrics O´Bryan, ambos de nacionalidad inglesa, quisieran obligar a golpes a un obrero a permanecer en el trabajo. Según La Protesta, Kelly era un déspota con los obreros acostumbrado a insultarlos de hechos y de palabra, y el segundo –O´Bryan– un rompehuelgas incorregible. Lo cierto es que en esta ocasión los custodios cargaron sus armas de fuego y chocaron con los rebeldes. Se produjo un forcejeo que terminó con los dos vigilantes heridos.

Éste fue el motivo expreso que encontraron las autoridades de Ingeniero White para desatar una violentísima cacería de obreros nunca antes protagonizada en la historia de la ciudad.

Todavía no eran las nueve de la mañana, cuando salieron marchando por las calles de tierra del puerto los obreros que acababan de paralizar las obras. Se dirigían a la Casa del Pueblo entonando consignas con la intención de celebrar otra asamblea y decidir los pasos a seguir. La situación se presentaba clara, estaban esperanzados en poder detener la producción en el puerto y emitir comunicados para instalar en el debate público la huelga, como forma de presionar a la empresa a una negociación. Desde el sábado el conflicto estaba lanzado y prometía tomar mayores dimensiones.

La asamblea en la Casa del Pueblo comenzó cerca de las 9 de la mañana. De inmediato se izó en lo alto de la casona una bandera negra que flameaba con el viento que soplaba desde la ría. Los obreros colmaron el local para debatir a los gritos, con intervenciones preferentemente en castellano, pero con comentarios por lo bajo en varios idiomas más.

Mientras tanto la Empresa ya había puesto en aviso a la Marina del acontecimiento ocurrido en los muelles. Pasadas las 10 de la mañana, el oficial de la Subprefectura Juan Posse organizó un grupo de 18 hombres encargados minuciosamente para reprimir a los responsables del incidente. Los marinos salieron formados desde la sede oficial, caminaron 100 metros y se pertrecharon frente a la Casa del Pueblo en dos hileras. Sin dar aviso alguno, Posse dio la orden de abrir fuego, pero los marineros no se animaron a apretar el gatillo. Entonces enojado, el oficial sacó su propio revólver y al repetir la orden fue él mismo quien comenzó a disparar. Ahora si los verdugos acataron la directiva y lanzaron una primera ráfaga cerrada de Máuser, generando desconcierto entre los asambleístas sorprendidos por los ruidos. Desconociendo el origen de las explosiones, alguien desde adentro de la casa respondió con un ¡Viva la Anarquía! al que le contestaron con 7 descargas más, que penetraron en el frente del local sembrando el pánico en el centro del puerto. La cacería estaba desatada. Los impactos destrozaron las paredes y bañaron con sangre todo el piso del salón. Los obreros gritaban, se apilaban en los rincones, buscaban refugio saltando el pequeño paredón del fondo que lindaba con un terreno. Los represores desencajados, derribaron la puerta y comenzaron el desalojo.

Entre los gritos, los soldados continuaban disparando a menos de 5 metros de distancia a quienes iban saliendo. Con las pericias médicas posteriores se supo que todos los heridos estaban lastimados en su torso o en las piernas, evidenciando las intenciones asesinas de los disparos. Los agentes requisaron y palparon de armas a más de 500 personas y ni siquiera a uno solo le encontraron armamento alguno. Solo cinco cuchillos, habituales atuendos de los hombres de la época, fueron las armas detalladas en la investigación oficial. Algunas fuentes señalan que se encontraron dos revólveres, ninguno de ellos con detonaciones recientes.

Un niño de 13 años que contemplaba la escena bélica desde cerca, escuchó los disparos y comenzó a correr hasta que se enredó con un alambre caído. Lo soltó el impacto de un proyectil que le impacto en el pulmón y lo dejó internado por varios días. Los testigos contaron que hasta las zanjas del desagüe funcionaron como refugio para quienes huían de la balacera.[2]

En el centro del puerto y a plena luz de la mañana se estaba protagonizando un fusilamiento sangriento. La gente que pasaba y aquellos que escuchaban desde lejos los disparos se acercaban curiosos a la esquina del conflicto. La escena era peor de lo que cualquiera de los transeúntes podía imaginar. Nadie reconocía una revuelta obrera, ni distinguía huelguistas de otras víctimas; los Máuser apuntando en todas las direcciones se apoderaban de las miradas.

La brutalidad no se limitó a los huelguistas. Violentos golpes de culata eran lanzados por los marinos para quienes en aquel momento pasaban circunstancialmente por el escenario de los hechos. José Falcioni, un joven italiano católico, miembro de la sociedad recreativa La Siempre Verde de White y desvinculado totalmente de cualquier actividad política, pagaría con su vida aquel encuentro casual con las fuerzas del orden.

El puerto quedó desolado, en silencio. El clima se tensó y el temor se sentía en cada esquina, ante la presencia de los ejecutores. Los comercios cerraron sus puertas atemorizados por la sensación general. La violencia de los agentes no solo fue brutal en sus métodos, sino también extralimitada en su jurisdicción, ya que la Casa del Pueblo estaba ubicada en la barriada del puerto cuyas tierras pertenecían a la Provincia de Buenos Aires, donde no tenían competencia las fuerzas nacionales como la Subprefectura.

Nada de esto importó a los oficiales que de inmediato se pusieron al servicio de la empresa inglesa. Merece el recuerdo el ayudante de la marinería Jorge Loppe, quien se negó a obedecer las órdenes de fusilamiento impartidas por Posse frente a la Casa del Pueblo. En ninguna de las ocho descargas ejecutó su arma, conciente de lo cobarde e irracional de la directiva. Un ejemplo no imitado por sus colegas.

La foto de una de las revistas de esa semana muestra el piquete de marinería que hizo fuego sobre la Casa del Pueblo. Orgullosos se prestaron a posar para la foto y hasta uno de ellos se dio el gusto de salir apuntando con su fusil a la cámara.

Los fusiladores que dispararon contra la Casa del Pueblo posando para la prensa. Caras y Caretas.


El primer despacho a La Vanguardia

El corresponsal local de La Vanguardia, el emblemático periódico del Partido Socialista, no demoró en llegar al lugar de los hechos y enviar el primer despacho que se conoce de este conflicto. El cronista veloz y preciso, dictaba el telegrama que encendía la redacción porteña.

-Bahía Blanca, 23 ( 2 PM). Los obreros constructores y remachadores de este puerto, que se hallan en huelga, reunidos ayer en la Casa del Pueblo, han sido asesinados cobardemente.

Corresponsal.

-Bahía Blanca 23. Comprobando lo comunicado a la tarde, adelantó las siguientes noticias. A las 10 AM de ayer, se encontraba reunido en la Casa del Pueblo de Ingeniero White un número considerable de huelguistas, la Subprefectura, en conocimiento de la reunión, envió un piquete de marineros armados a Máuser, por encargo, según parece, de proceder sin miramientos, contra los huelguistas que serían unos 800.

Al abandonar el local, los asistentes, fueron recibidos a balazos por la marinería.[3]

La descripción de este corresponsal, que desde el propio puerto enviaba sus textos al diario, es sin duda el testimonio más fiel que se conserva en la reconstrucción de los hechos iniciales. La Vanguardia le dedicó un espacio central en su tapa del día siguiente a las informaciones que llegaban desde el sur:

Los telegramas que recibimos anoche completan la crónica de los tristes y lacónicos sucesos.

-Bahía Blanca, 23. Al sentirse las descargas acudieron 40 hombres, del Octavo de Infantería Destacado de la ciudad, y un piquete del Cuerpo de Bomberos, rodeando el local obrero y tomando presos a todos lo que se encontraban en él, y que por efectos del ataque, no habían podido abandonarlo.

-Bahía Blanca, 23. Después de la matanza del que fueran victimas los huelguistas, se han enarbolado en la Casa del Pueblo, una bandera roja con un crespón negro, en señal de duelo, como protesta por la barbarie con que se han masacrado cobardemente a los trabajadores en huelga.

-Bahía Blanca, 23. Los obreros de la ciudad, en conocimiento de los hechos sucedidos, organizaron una columna de manifestantes, con la intención de recorrer el pueblo, pero las fuerzas de línea la disolvieron.[4]

Enrique Astorga, el ideólogo de la muerte

La autoridad máxima de los marineros locales, era el Subprefecto Teniente de Navío Enrique Astorga, quien rechazando cualquier intento de valentía, llegó al escenario de los hechos tres más horas, secundado por 30 soldados del 8º de Infantería al mando del teniente Juan Jáuregui y 12 bomberos a las órdenes del teniente Brandam.

Astorga, según recordara en esos días La Vanguardia, forma parte de la nómina de cobardes que fueran protagonistas del polémico naufragio del buque de guerra argentino Rosales, el 9 de julio de 1892. Aquel barco se hundió en medio de un temporal frente al cabo Polonio, en las costas de Uruguay, cuando los oficiales entre los que se contaba Astorga, se escaparon abandonando a la deriva a los tripulantes. El caso de la Rosales fue narrado por Osvaldo Bayer quien analizó minuciosamente la acusación del fiscal Jorge Holson Lowry, cuando pidió pena de muerte para el Capitán de Fragata Leopoldo Funes, Comandante de la Rosales, y penas de varios años de cárcel para el resto de los oficiales. Los acusaba de falso testimonio y de ser partícipes de una maniobra cobarde que dejó librado en medio del mar, en un barco a punto de hundirse, a unos 80 marineros, quienes finalmente murieron todos.[5]

Ante los hechos sangrientos del puerto, Enrique Astorga comenzó a emitir telegramas a las autoridades nacionales alertando de los sucesos. A las 12 del mediodía recibieron en el Ministerio de Marina el primer mensaje desde White. En los envíos, Astorga ensayó una versión fantástica sobre lo sucedido, donde hablaba de obreros atrincherados disparando armas de fuego contra los marinos. Describía una rebelión armada al mando de grupos anarquistas. Reivindicaba el accionar de sus hombres que, sólo imaginariamente, habían combatido a los rebeldes y secuestrado armas en gran cantidad. El Subprefecto, cobarde con antecedente, pedía insistentemente a sus superiores que enviaran refuerzos armados. Para reafirmar su versión, Astorga también remitió su relato a través del titular Correo y Telégrafos y del Inspector de Ferrocarriles. Pero la reconstrucción oficial era tan ficcionada que los propios diarios oficialistas tildaban de “impresiones un tanto exageradas, en los primeros envíos de Astorga desde Bahía Blanca”.[6]

Tal como se podía suponer por su atracción a las fábulas navales, La Nueva Provincia reprodujo las exageraciones absolutamente falsas del marino:

De repente suenan tiros y el capataz O´Bryan cae herido de dos balazos, uno mortal en el vientre y otro en un muslo. Junto a él cae el obrero J. Nelly, con una tremenda puñalada en la espalda. La gritería era espantosa, los obreros empuñaban cuchillos y revolver. Reforzado el piquete de marinería con dos oficiales a su frente, se dirigió a intimar a los huelguistas que se dispersaran, y fue entonces, según la versión policial, que los amotinados hicieron fuego desde las puertas y ventanas sobre la tropa, a cuya agresión ésta contestó con una descarga. En el local convertido en Fort Chavrol, se encontraron muchos revólveres y cuchillos en cantidad como para un pequeño arsenal, lo que prueba que los obreros iban prevenidos al trabajo…
Felizmente a las 12 del día se supo la verdad de lo ocurrido y los sucesos recobraron sus exactas proporciones que son las que quedan en este relato. Informes recogidos en Ingeniero White, aseguran que los 22 hombres de la Subprefecura Sur rodearon la Casa del Pueblo, tenían orden de no hacer fuego sino de impedir cualquier tentativa y de cuidar que no salieran los huelguistas, pero que como éstos hicieron algunos disparos, contestaron con una descarga, repitiéndola por tres veces. [7]

En las pericias posteriores no se encontraron ni siquiera un solo impacto de bala en toda el área de tiro de la Casa del Pueblo. Ningún testigo, incluidos los marinos, declaró haber visto alguien armado que no fueran los uniformados. De todos los efectivos que participaron de la masacre, ninguno recibió herida de ningún tipo. No existía ni siquiera una sola prueba que pudiera dar crédito a las versiones que describían una agresión de los obreros.

El hecho de reproducir la alegoría imaginada por Astorga, aportaba legitimidad a la representación falsa, violenta e irracional que se hacia de los anarquistas. La responsabilidad periodística de presentación fielmente los hechos, aportar comprensión y bregar por una solución pacífica de los conflictos, se vio en esos días constantemente olvidada.

Ante el favorable escenario de confusión creado por los diarios, Astorga continuó desplegando batallones militares y dispuso un amparo de fuerzas públicas para la Oficina de Correos y Telégrafos de White, así como una custodia permanente en las dependencias de la Aduana. Imaginaba una rebelión violenta contra las pocas dependencias del Estado que se habían construido en la pequeña localidad portuaria.

Se supo que durante ese día el Ministro del Interior comunicó los detalles de los acontecimientos de White al presidente Figueroa Alcorta, quien no se pronunció al respecto. Solo se emitió una orden para custodiar los edificios públicos. El gobernador de la provincia no demostró mayor interés y se limitó a pedir refuerzos policiales al Ministro de Guerra, para que no resulten pocos los uniformados involucrados en el hecho. La única preocupación de las máximas autoridades del Estado, se agotaban en la preservación de los bienes materiales a su cargo y la movilidad de tropas.



[1] Bilsky, Edgardo J., Op. cit.

[2] Caviglia, M. Jorgelina. Ingeniero White La huelga de 1907, Ediciones de la Cocina del Museo del Puerto de Ingeniero White, 1993.

[3] La Vanguardia, Buenos Aires, 24 de julio de 1907.

[4] Idem.

[5] Bayer, Osvaldo, Los anarquistas expropiadores y otros ensayos. Plantea, Buenos Aires, 2004.

[6] El Diario, 22 de julio de 1907.

[7] La Nueva Provincia, 24 de julio de 1907.